
"Muchacha en la ventana", Salvador Dalí, 1925
Hoy toca una entrada reflexiva, y de verdad que no quiero que se note el tono melancólico y apagado como me dice Enric, pero estamos en la última semana de junio, en la que toca cosechar los resultados académicos que se han ido sembrando a lo largo del curso. Y a partir de este trámite que se repite año tras año, me doy cuenta de cómo he vivido mi vida hasta ahora y de en que me estoy convirtiendo, y me replanteo si estoy haciendo lo que realmente me gusta.
Me pregunto donde quedaron los tiempos en los que iba a mirar mis notas a los tablones de la facultad de Historia de Salamanca, y como estaban clavadas con una chincheta. En como tenías que buscar y buscar tu Dni entre cuatro páginas con el corazón a punto de estallar hasta que encontrabas la dichosa nota. Era otra sensibilidad incluso para ésto. Y ahora me mandan un mail al “Campus virtual” y ahí está, tan avanzado y tecnológico, pero tan impersonal y tan frío, que se nos olvida la belleza de la forma de hacer las cosas. De sentir el papel entre tus dedos a cambio de apretar las teclas en el ordenador, de quedar con una amiga para ir juntas a mirarla y compartir el aprobado o el suspenso con un buen café. Ahora una las mira sola en casa y pase lo que pase dura unos segundos, justo lo que tarde el ordenador en abrir el mail. Muy cómodo sí, pero a mi me desencanta.
Y así es mi vida en Barcelona, totalmente mediada por la tecnología, desde el trabajo hasta la carrera. Y no digo que esta tecnología no sea positiva, que no se me mal interprete, que doy las gracias al Señor Gutenberg por la Imprenta y no podría vivir sin Internet. Sólo que algunas veces nos olvidamos de la belleza al tratar ciertos principios. Yo me aferro en buscar la inspiración en mi vida diaria, pero supongo que ya terminé mi carrera de historia del arte y ahora Comunicación Audiovisual no es tan artística como pensaba. Y me entran estos momentos de bajón, y es cuando me replanteo si de verdad estoy haciendo lo que me gusta o debía haberme inscrito a ese master de Crítica de arte o a ese otro de Dirección artística cinematográfica.