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miércoles, 29 de octubre de 2008

Particular homenaje

Angustia, soledad, enfermedad, muerte, erotismo, introspectiva o existencialismo son algunas de las palabras que se me vienen a la mente si pienso en Edvard Munch, uno de mis pintores favoritos.

A lo largo de toda la historia del arte ha habido artistas que han diseccionado cuerpos y artistas que han diseccionado almas. Munch sin duda fue de los segundos, en gran parte gracias a la fuerza expresiva de su línea que le convierte en el precursor de la tendencia expresionista dentro del arte moderno.


De su obra todos conocereis su famosísimo cuadro "El Grito", por lo que he decidido prescindir de poner su representación en esta entrada y sustituirla por un comentario que el propio Munch hizo a propósito de como comenzó la idea del cuadro:

Estaba caminando por un camino con ambos amigos. Se puso el sol. Sentí un ataque de melancolía. De pronto el cielo se puso rojo como la sangre. Me detuve y me apoye en una barandilla muerto de cansancio y mire las nubes llameantes que colgaban como sangre, como una espada sobre el fiordo azul-negro y la ciudad. Mis amigos continuaron caminando. Me quedé allí temblando de miedo y sentí que un grito agudo interminable penetraba la naturaleza".

Mucho se podría escribir sobre Munch y su relación con las mujeres, con la enfermedad o con la muerte, pero no voy a redactar más, no es necesario, tan solo os dejo con tres de mis cuadros favoritos del artista noruego:

"Madonna", 1894-1895

"Separación", 1894

"El día siguiente", 1894-1895 (en realidad la primera versión de la obra es anterior, aproximadamente de 1885-1886)


“Sin el miedo y la enfermedad mi vida sería como un bote sin remos”

Edvard Munch

viernes, 13 de junio de 2008

A través de la tela


"Los Amantes", Magritte

Son amantes anónimos, no como individuos concretos, sino como la imagen de su deseo. Deseo que habita en nuestro interior. Deseo transgresor y mágico, mezcla de placer y dolor. Deseo en estado puro, sintiendo los labios a través de la tela, sin saber como terminará el cuadro, sin saber que pasará con los amantes cuando se separen sus bocas.

Y hablamos de conocernos y de desconocernos, de miedos y temores, de rostros cubiertos e ignorar quienes somos. Y saber que detrás de cada una de nuestras máscaras hay un individuo único y singular. Que la tranquilidad está justificada, que esta dulce y añorada calma no llega fortuitamente, sino porque estaba ahí, esperándonos.